La crisis del coronavirus está poniendo en jaque los ingresos de las familias. Son muchas las que están aprovechando el confinamiento para hacer números y ver cómo pueden reducir sus gastos cotidianos para empezar a ahorrar y prepararse para un futuro incierto.

Las previsiones económicas para los próximos meses son cuanto menos dantescas: un desplome histórico del PIB, una fuerte subida del desempleo, que podría volver a los niveles registrados en los peores momentos de la anterior crisis, una pérdida importante del poder adquisitivo de los hogares, y un endeudamiento público que batirá récord.

En este escenario, y teniendo en cuenta que el pago de la hipoteca es el principal gasto recurrente de miles de familias por la cuantía y por el tiempo durante el que se prolonga, se ha disparado la demanda de las subrogaciones hipotecarias, que permiten cambiar las condiciones de un préstamo con el fin de mejorar las que están vigentes y que conlleva un cambio de banco (en el caso de continuar con el mismo, el proceso se denomina novación hipotecaria).

Por tanto, puede ser una buena alternativa para recortar gastos para aquellas que se quedan fuera de la moratoria hipotecaria aprobada por el Gobierno al no cumplir los requisitos que establece la normativa.

Las subrogaciones están cogiendo impulso en los últimos meses. Según los datos oficiales del INE (cuya última estadística es referente a febrero y, por tanto, no recogen el ‘efecto covid-19’), la cifra mensual se ha estabilizado en torno a las 1.300 operaciones, los mejores registros desde el primer trimestre de 2019, aunque los datos de mercado apuntan a que en los primeros cuatro meses del año las peticiones de mejora de hipoteca por parte de los clientes se han disparado cerca del 80% en términos interanuales.